Cita de Epicteto.

Definición y significado del estoicismo

El estoicismo es una escuela de pensamiento filosófico, igual que todas sus filosofías hermanas de la época helenística, como el epicureísmo, el cinismo o el escepticismo, intenta responder a la pregunta de cómo vivir una buena vida.

El estoicismo es una guía para la vida cuyo propósito final es alcanzar la felicidad, o cómo ellos la denominan, la eudaimonia. Para alcanzarla, los estoicos cuentan con dos ingredientes: la virtud y la ataraxia, conocida también como tranquilidad. Puedes profundizar en ambos conceptos en cada uno de los artículos que le hemos dedicado en el blog aquí abajo.

Principios estoicos: felicidad, virtud y tranquilidad.

Ante la gran pregunta de cómo podemos vivir una buena vida, el estoicismo propone una serie de diferentes ideas como respuesta. Un principio central entre todas estas ideas es la apatheia, o apatía. Los estoicos creen que podemos alcanzar la tranquilidad y la insensibilidad al dolor superando continuamente las pasiones, que creían que eran estados mentales que arruinaban la capacidad de razonar con claridad.

En sus orígenes, además de enseñar a los estudiantes a gestionar sus emociones, el estoicismo cuestionaba muchas de las creencias fundamentales de la religión griega, incluida la idea de que los dioses o el destino eran responsables de todo el sufrimiento humano. Aunque los propios estoicos discrepaban en muchas cuestiones, todos compartían el compromiso con la razón como herramienta central para la mejora humana.

El estoicismo se trata de la domesticación de las emociones, no de su eliminación.

Nassim Nicholas Taleb.

Otro aspecto destacable es que, aunque el estoicismo es una filosofía, tiene un gran componente psicológico. Los estoicos se dieron cuenta de que una vida repleta de emociones negativas —entre ellas, la ira, la ansiedad, el miedo, la tristeza y la envidia—no sería una buena vida. Así pues, se convirtieron en unos de los psicólogos más perspicaces del mundo clásico. De hecho, algunas de las terapias modernas más relevantes y conocidas como la terapia cognitivo-conductual (TCC) están fundamentadas en gran medida en los hallazgos y principios de la filosofía estoica, todo ello gracias en gran medida a que estos antiguos griegos fueron capaces de arrojar luz sobre lo que ocurre dentro de nuestra mente.

El estoicismo destaca por su extrema practicidad. Alberga un conjunto de enseñanzas, conocimientos y herramientas diseñadas para este mismo fin. El objetivo de estas herramientas es conocer y poner en práctica cuanto antes los principios estoicos.

Llegados a este punto, seguramente resuenen contigo algunas de las respuestas y soluciones que nos proponen los estoicos ante los grandes problemas de la vida como el sufrimiento o las distracciones. Debes saber que la práctica de esta filosofía no es sencilla. El estoicismo es una habilidad, y como toda habilidad, necesita de práctica y dedicación. Pero no te desanimes, el propio Marco Aurelio se recordaba no castigarse a sí mismo cuando no había sido capaz de actuar como se había propuesto.

Para seguir entendiendo mejor el estoicismo, es necesario que repasemos sus orígenes.

Origen del estoicismo

Zenón de Citio fundó el estoicismo en el año 304 a.C. Fue comerciante hasta los 45 años, momento en el que fundó la escuela de filosofía estoica en Atenas después de sufrir un naufragio donde perdió todas sus pertenencias.

Tuve un viaje muy próspero gracias a sufrir un naufragio.

Zenón de Citio.
Escultura del filósofo Zenón de Citio.
Escultura del filósofo Zenón de Citio.

Cuando el fundador estoico Zenón comenzó su escuela de pensamiento no tenía dinero para comprar un edificio donde impartir sus clases. Platón tenía su Academia, Aristóteles tenía su Liceo, pero Zenón decidió reunirse con sus seguidores en las calles de Atenas a la sombra de una stoa (en griego Στοα, stoa, ‘pórtico’) para discutir e impartir su filosofía. Cualquiera era bienvenido a escuchar y debatir ideas, creando la primera comunidad de estoicos de todo el mundo.

Desde su nacimiento y durante casi cinco siglos, el estoicismo fue una de las escuelas de filosofía más influyentes y de mayor prestigio.

El estoicismo en sus primeros siglos vivió tres épocas principalmente:

  • Estoicismo antiguo: la primera, encabezada por Zenón de Citio y Crisipo de Solos.
  • Estoicismo medio: la segunda, caracterizada por las contribuciones de Panecio y Posidonio.
  • Estoicismo nuevo o estoicismo romano, representado por figuras ilustres como Séneca, Epicteto y Marco Aurelio. De esta última etapa es de la que más documentos quedan y de donde bebe principalmente el estoicismo moderno que conocemos hoy en día.
Etapas del estoicismo clásico.
Etapas del estoicismo clásico.

Tras la muerte de Marco Aurelio, el estoicismo comenzó a entrar en decadencia. El auge del cristianismo afectó negativamente a todas las escuelas filosóficas helenísticas, que fueron rechazadas por ser contrarias a la doctrina cristiana. Finalmente, en el año 529 d.C. Justiniano cerró las tres grandes escuelas filosóficas de Atenas (el Liceo, la Academia y la Stoa).

Fue en la década de 1970 cuando el estoicismo volvió a crecer en popularidad. Un año más tarde se publicaba Problems in Stoicism de Anthony Arthur Long, comenzando así el resurgimiento del interés en la sociedad moderna por la filosofía estoica y cuestiones relacionadas sobre cómo vivir una buena vida.

Un poco antes, en la década de los cincuenta y los sesenta, los psicólogos Albert Ellis y Aaron T. Beck desarrollaron la terapia cognitivo-conductual con un importante fundamento en esta filosofía del mundo antiguo.

Más cercano a nuestros tiempos, autores como Ryan Holiday, Massimo Pigliucci o William B. Irvine han hecho un gran esfuerzo en actualizar los principios y términos del estoicismo y acercarlos a la practicidad de nuestros tiempos. En la actualidad, el movimiento moderno del estoicismo se apoya enormemente en las redes sociales y las comunidades digitales.

Por este proyecto se han pasado las que son actualmente las máximas referencias en habla hispana sobre el estoicismo: Marcos Vázquez de Fitnessrevolucionario y Pepe García de El Estoico. Ambos han hecho un magnífico trabajo en dar a conocer al mundo esta filosofía.

Principios del estoicismo

El estoicismo aporta multitud de principios para que podamos mejorar nuestras vidas. Como resaltan los autores Javier Recuenco y Guillermo de Haro en su libro El pequeño libro de la filosofía estoica: “El estoicismo no buscaba crear la ilusión de sociedad perfecta donde no existía el mal ni el sufrimiento. Al contrario, acepta que en la vida habrá sinsabores, que no podemos evitarlos, pero que sí podemos elegir cómo enfrentarnos a ellos”.

Profundicemos entonces en algunas de las herramientas y principios que expone el estoicismo para enfrentarnos a los sinsabores del día a día.

La filosofía nos enseña a actuar, no a hablar. Exige que cada persona viva según sus estándares y que su vida esté en armonía con sus palabras.

Séneca.

1. Vivir de acuerdo a la naturaleza

¿Entonces resulta increíble nuestra afirmación de que la naturaleza del hombre es civilizada, cariñosa y digna de confianza?

Epicteto.

El objetivo final de la vida del estoicismo es alcanzar la eudaimonia, que significa felicidad o satisfacción alcanzable por el ser humano. Los estoicos lo solían llamar La buena vida.

¿Cómo vivir una buena vida entonces? Los estoicos tienen como máxima el “vivir de acuerdo a la naturaleza”. El ser humano es un animal racional. Lo que distingue a los humanos de todas las demás especies es nuestra capacidad de razonar. Según Epicteto, no debemos comportarnos como ovejas o bestias porque hacerlo niega nuestra humanidad, lo más precioso y natural que tenemos. Gracias a la razón podemos elegir actuar con virtud en todo momento, algo fundamental para los estoicos.

Este concepto estoico también está estrechamente relacionado con la profunda conexión social que tenían los estoicos. El propio Séneca nos invita a usar esta naturaleza humana como guía para actuar siempre con la razón y la moral, entendiendo nuestra responsabilidad de ayudar a los demás.

2. Vivir con virtud

La virtud es una de las grandes preocupaciones de los estoicos. Lo que los estoicos quieren decir con virtud es sobresalir o florecer en términos de nuestra naturaleza humana racional. Séneca hablaba de ella como “razón consumada”. Básicamente, para los estoicos, no podemos alcanzar la felicidad o eudaimonia sin vivir de acuerdo con la virtud.

Todo se puede tomar de un hombre, excepto una cosa, la última de las libertades humanas, elegir la actitud de uno en cualquier conjunto de circunstancias, elegir el propio camino.

Viktor Frankl.

Los estoicos destacaban cuatro grandes virtudes cardinales. Para los estoicos, la sabiduría es la más importante y las otras tres son manifestaciones parciales de esta.

  • Sabiduría: incluye deliberación, buen juicio, perspectiva, buen sentido.
  • Justicia: incluye bondad, benevolencia, servicio público, trato justo.
  • Coraje: incluye valentía, perseverancia, autenticidad (honestidad), confianza.
  • Disciplina: incluye orden, autocontrol, perdón, humildad.
Las cuatro virtudes más importantes para los estoicos.
Las cuatro virtudes más importantes para los estoicos.

Cuando actúas de acuerdo con estas virtudes, progresas hacia la buena vida, o eudaimonia, el objetivo final de la vida para los estoicos.

Los estoicos tenían claro que actuar con virtud debía de ser la propia recompensa. Te comportas de una manera determinada porque es lo correcto. Actúas de acuerdo con la naturaleza, la razón y la virtud porque es lo correcto. No importa tanto el resultado que tengan tus acciones, lo verdaderamente gratificante es actuar bien y avanzar hacia la buena vida.

Un rasgo crucial de este concepto estoico es que las diferentes virtudes no se pueden practicar de manera independiente: no se puede ser cobarde y valiente. Aunque el sentido común nos diga que alguien podría haber demostrado valor en la batalla y aún así pecar de ser un mentiroso, para los estoicos dicha persona no sería virtuosa porque la virtud es un paquete de todo o nada. Nadie dijo que la filosofía estoica no fuese exigente.

Hacer lo correcto es suficiente, es tu naturaleza y es tu deber. Así que debes actuar de acuerdo con las virtudes. Los resultados de tus acciones no dependen por completo de ti, por lo tanto, no deben ser el motivo que te condicionen en tu manera de actuar. Concéntrate en lo que puedes controlar, que es actuar de manera virtuosa y racional. Esto nos lleva al siguiente principio estoico: la dicotomía de control.

El hombre sabio se preocupa por la intención de sus acciones, no por sus resultados. Nuestra acción inicial está bajo nuestro control, pero la fortuna determina su final.

Séneca.

3. Dicotomía de control: céntrate en lo que puedes controlar

Solo tras haber aprendido a distinguir entre lo que puedes controlar y lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior.

Séneca.

La dicotomía de control es, seguramente, uno de los principios mas característicos del estoicismo debido a su enorme practicidad. Los estoicos nos recomiendan aprender a distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no. De nosotros dependen nuestras acciones voluntarias y nuestros juicios, mientras que todo lo demás se escapa de nuestro control.

Aceptar que sólo puedo controlar mis propias acciones y esperar el resultado con ecuanimidad es el objetivo que plantea esta filosofía para conseguir la tranquilidad interior (ataraxia) y la eficacia exterior, como afirmaba Séneca.

Simplificación de la dicotomía de control propuesta por los estoicos.
Simplificación de la dicotomía de control propuesta por los estoicos.

Obtienes la satisfacción de saber que estás haciendo las cosas de la mejor forma posible. Por lo tanto, aceptar el resultado es un mero trámite. Has hecho todo lo que está en tus manos para lograr tu objetivo. Si el resultado no es satisfactorio, acéptalo y di: “Bueno, he hecho todo lo posible”. Céntrate en lo que está bajo tu control, independientemente del resultado.

El estoicismo moderno propone que esta dicotomía se convierta en una tricotomía y se añada una tercera opción: las cosas sobre las que se tienen un control parcial. Un ejemplo sería un partido de tenis en el que el resultado no está bajo un control total ya que influyen variables como la habilidad del contrario, las condiciones atmosféricas o la pericia del árbitro. Por ello, en este ejemplo, el objetivo no debería ser ganar el partido sino jugar de la mejor manera posible, ya que eso sí se puede controlar.

La lección clave con la que tenemos que quedarnos está en enfocar nuestros esfuerzos donde tenemos poder de acción y control y dejar que el destino decida el resto.

Cómo suele pasar, la teoría es mucho más fácil que la práctica.

4. Distingue entre bueno, malo y lo indiferente

Algunas cosas son buenas, otras malas y otras indiferentes. Lo bueno es la virtud, lo malo lo que se aleja de la virtud. Lo indiferente son cosas como la riqueza, la salud o la reputación. ¿Dónde debes buscar entonces lo bueno y lo malo? En ti, en lo que te pertenece. En lo que no te pertenece no debes usar los términos bueno o malo.

Epicteto.

Los estoicos diferenciaban entre cosas «buenas», «malas» e «indiferentes». Las cosas buenas incluyen todo aquello que depende de nosotros, como actuar virtuosamente (con sabiduría, disciplina, valor y justicia). Las malas incluyen los opuestos de estas virtudes, es decir, actuar de manera irracional y alejado de la virtud.

Las indiferentes incluyen todo lo demás (aquello sobre lo que no tenemos control de manera directa), principalmente la vida y la muerte, la fama y la mala reputación, el placer y el dolor, la riqueza y la pobreza, y la salud y la enfermedad.

Ser indiferente a las cosas indiferentes significa no hacer ninguna diferencia entre ellas, sino tomarlas como son y amarlas por igual.

Pero estar sano es mejor que estar enfermo, ¿verdad? Sí. Aunque las cosas indiferentes no pueden ser realmente «buenas», algunas son más valiosas que otras y preferibles.

Los estoicos clásicos clasificaron las cosas indiferentes positivas como la buena salud, la amistad, la riqueza y la buena apariencia como indiferentes preferidos, mientras que sus opuestos los definieron como indiferentes no preferidos. La gente siempre preferirá el placer sobre el dolor, la riqueza sobre la pobreza y la buena salud sobre la enfermedad, así que ve y busca esas cosas, pero no cuando eso suponga no comportarte con virtud.

En resumen, para los estoicos lo verdaderamente importante era la intención de sus acciones, ya que los resultados eran consecuencias de esos hechos. Los estoicos prefieren unos resultados (indiferentes preferidos) sobre otros (indiferentes no preferidos).

5. Amor fati: aprende a amar el destino

No busques que los eventos sucedan como deseas, desea que los eventos sucedan como lo hacen y tu vida transcurrirá sin problemas.

Epicteto.

Este término que nos invita a “amar nuestro destino” fue acuñado mucho después de los primeros estoicos por Friedreich Nietzsche. No queremos pecar de insensibles, y este precepto no es plato de buen gusto para todas las personas. Hay gente que pasa por auténticas calamidades y es entendible que este mensaje no resuene con ellos.

Amor fati es la receta para una vida feliz y alegre. Imagínate que ha sucedido un evento que no deseabas que ocurriera. Ahora, ¿qué es más fácil de cambiar: tu opinión o el evento en sí?

La respuesta es obvia. El evento está en el pasado y no se puede cambiar. En cambio, nuestra opinión si que podemos cambiarla. Podemos aceptar lo que sucedió y cambiar nuestro deseo de que hubiera sucedido de otra forma. El estoicismo llama a esto el «arte de la aquiescencia»: aceptar el destino en lugar de intentar luchar contra él.

Cita Nietzsche

Para los estoicos, los eventos externos no son ni buenos ni malos. Simplemente son. Todo es parte del destino. Iba a suceder de cualquier forma. La realidad es implacable. Lo que determina si es bueno o malo, es tu interpretación. Por lo tanto, el primer paso es aceptar que no controlamos todo lo que sucede y que pase lo que pase está bien. El segundo paso es no solo aceptar, sino incluso amar todo lo que sucede.

Si quieres profundizar más sobre este concepto, le hemos dedicado un artículo completo:

Herramientas estoicas

Los doctores mantienen sus bisturís y otros instrumentos a mano para las emergencias. Mantén tu filosofía a mano también.

Marco Aurelio.

El estoicismo no solo es una filosofía de vida, es una caja de herramientas que nos puede ayudar a sobrellevar situaciones desagradables y mejorar nuestras vidas. Por un lado, es necesario entender sus principios, pero con la única intención de poneros en práctica después.

Hablemos de algunas de nuestras herramientas preferidas de los clásicos.,

Herramientas estoicas.

Visualización negativa

Los estoicos utilizaban la visualización negativa como una herramienta para estar preparados ante la desgracia. Fue una de las razones principales para estudiar la filosofía estoica: prepararse para eventos futuros y anticiparnos a sus consecuencias.

Los dramas humanos de aquella época no se diferencian tanto de los actuales. Por eso el estoicismo sigue teniendo validez siglos después de su nacimiento. El autor del libro El arte de la buena vida, William B. Irvine, la describe como “la técnica más valiosa en el conjunto de herramientas de los estoicos”.

Al pensar en lo peor que pueda pasar en un futuro, los estoicos se fortalecen y anticipan a los posibles acontecimientos para que puedan enfrentarlos con calma, racionalidad y paciencia si llegan a ocurrir finalmente.

Nada le sucede al sabio en contra de sus expectativas.

Séneca.

Esta anticipación a los hechos no hace que todo sea fácil de soportar, pero nos ayuda a aceptar lo indiferente, nos ayuda a prevenir lo que no queremos y reduce la ansiedad y la excesiva preocupación por el futuro, o eso decían los estoicos. Podemos enfrentar la adversidad con mucha más calma, analizarla racionalmente y, por lo tanto, tomar medidas y anticiparnos de manera más inteligente y sosegada.

Es posible que desee estar libre de la tortura, pero si llega el momento de soportarlo, desearé soportarlo con valentía y honor. Preferiría no estar en guerra, pero si me sobreviene la guerra, desearé llevar noblemente las heridas, el hambre y otras necesidades de la guerra. Tampoco estoy tan loco como para desear una enfermedad, pero si debo sufrirla, no deseo hacer nada precipitado o deshonroso. El punto no es desear estas adversidades, sino la virtud que hace soportables las adversidades.

Séneca.

En resumen, la idea de la visualización negativa es imaginar repetidamente escenarios potencialmente “malos” de antemano, para que si en algún momento llegan a suceder, no nos sorprendan y podamos enfrentarlos con calma y con virtud.

Memento mori: un recordatorio para la vida

Memento mori es un recordatorio para la vida. Saber que vamos a morir es el mayor incentivo para comenzar a vivir. La muerte es la mejor maestra para gestionar nuestro tiempo. Nos recuerda que nuestra vida es pasajera y que nuestro tiempo aquí es finito. Recordad que vamos a morir nos ayuda a ver las cosas que nos ocurren con mayor perspectiva. Memento mori es la práctica de contemplar tu propia mortalidad, es el recordatorio de que un día morirás.

Los estoicos usaban con frecuencia esta técnica. Pensar en nuestra propia muerte nos proporciona una perspectiva y una visión nueva con el que enfrentarnos a nuestros miedos y enemigos.

Meditar sobre la muerte nos ayuda a apreciar más nuestra vida y el momento presente. Alguien que piensa en la muerte no tendrá tiempo para malgastar su tiempo en trivialidades. El estoicismo nos recuerda que no debemos temer a la muerte, debemos temer el no haber vivido con virtud y con miedos.

Preparemos nuestras mentes como si hubiéramos llegado al final de la vida. No pospongamos nada. Equilibremos los libros de la vida todos los días… El que da los últimos toques a su vida cada día nunca tiene poco tiempo.

Séneca.

El concepto de memento mori toma algo destructivo como la muerte y lo convierte en una herramienta para disfrutar más del momento presente. Memento mori nos ayuda a priorizar lo que realmente importa, recordándonos que el tiempo es finito. En este artículo Memento mori: cara a cara con la muerte profundizamos en cómo este recordatorio nos permite salir del piloto automático y recuperar el verdadero valor de la vida.

Incomodidad voluntaria

Los estoicos defendían el disfrute de los placeres de la vida cuando estos estuviesen disponibles. Ya advertían de sus peligros, ya que si nos dejamos atrapar por el placer y la comodidad, nos podemos convertir en esclavos de estas cosas.

Reserva de vez en cuando unos días durante los cuales te contentarás con la comida más simple y la ropa más áspera. Luego te preguntarás: ¿Esto es lo que tanto temía?

Séneca.

Para no caer en las trampas de los placeres, los estoicos nos proponían una estrategia muy eficiente que consistía en evitar de forma temporal algunos placeres o comodidades de las que disfrutamos a diario. Practicar esta privación temporal nos aporta numerosos beneficios físicos y psicológicos.

Evita que nos acostumbremos a vivir en nuestra zona de confort. Al salir con frecuencia de esta zona en la que nos sentimos cómodos y seguros, expandimos nuestro entorno de «seguridad» y cuando nos toque sufrir de manera involuntaria, sufriremos menos al estar mejor adaptados a ese «dolor».

El privarnos temporalmente de cosas que pensamos que necesitamos nos hace estar preparados para la ansiedad que nos puede provocar el temor a su pérdida. Y si las llegamos a perder, el sentimiento negativo por su pérdida será mucho más liviano.

Por lo tanto, renunciar de manera temporal y voluntaria a cosas nos ayuda a disfrutarlas más cuando disponemos de ellas.

Escribe un diario

Epicteto y Marco Aurelio llevaron vidas muy diferentes. Esclavo y emperador. Pero tenían un hábito en común, al igual que todos los estoicos: escribían un diario.

En el estoicismo, el arte de escribir en un diario es más que un simple hábito. Esta práctica diaria es la filosofía. Preparándose para el día que viene. Reflexionando sobre el día que ha pasado. Recordarnos la sabiduría que hemos aprendido de nuestros maestros, de nuestra lectura, de nuestras propias experiencias.

El estoicismo está diseñado para ser una práctica y una rutina. De esta manera, escribir un diario es estoicismo. Es casi imposible tener uno sin el otro.

¿Cómo ser un estoico?

La palabra “estoico” tiene sus raíces en la antigua palabra griega que significa “resuelto”. Alguien que es estoico es capaz de enfrentarse a los retos de la vida con valor y resolución.

Séneca hablaba del estoicismo como un ideal, algo a lo que aspirar y poder acercarnos cada día más, a sabiendas de que por nuestra naturaleza humana, jamás podremos ser personas estoicas en su máximo exponente. ¿Qué significa entonces tener una actitud estoica ante la vida?

Tener una actitud estoica

Leer Meditaciones de Marco Aurelio no te acercarán al ideal estoico del que hablaba Séneca. Lo único que lo hará es tu experiencia y la práctica de esta filosofía en el día a día.

Necesitas ponerte a prueba en el campo de batalla. Y el campo de guerra es tu vida. La práctica en la vida diaria de los conocimientos adquiridos será lo que te convierta en estoico. En otras palabras: elegir siempre una actitud estoica ante los problemas que nos depara nuestra existencia. Perseguir el ideal estoico es una carrera de fondo. Gestionar las emociones no es una tarea sencilla, requiere de tiempo y disciplina.

Pon en práctica la teoría

Muchas de las herramientas que nos propone el estoicismo, como la dicotomía de control o amor fati, son extremadamente agradables de leer o escuchar en el marco teórico, pero fuera de él, en el día a día, son herramientas muy prácticas que van a requerir lo mejor de nosotros.

Una persona estoica también se equivoca. Puede caer presa de las emociones si se descuida. Eso no lo hace menos estoico, porque precisamente el estoico ha aprendido a ser consciente de sus propios errores que le alejan de su yo ideal y aprende de ellos para no volver a cometerlos en el futuro.

El ideal estoico es un camino sin meta

Una mente fuerte no se crea en una día ni en un mes. Nace fruto del esfuerzo, de la disciplina, del aprendizaje constante de los errores y de una capacidad de superación y mejora continua.

El estoico es un ideal. Nuestra condición como seres imperfectos nos impide alcanzar la perfección racional y virtuosa que pretende esta filosofía, pero esto no debe servirnos de excusa para esforzarnos cada día en ser mejores personas. No se trata de ser el mejor estoico de todos, se trata de ser mejores que ayer, pero sin despreciar nuestro yo presente ni lo que somos en este instante.

Diseña tu propia filosofía de vida

El estoicismo puede servirte de antídoto al sufrimiento y al caos de tu vida, pero sus propuestas no son las únicas. A lo largo de la historia, han surgido otras filosofías que han dado otro tipo de respuestas a las mismas preguntas que se hicieron los primeros estoicos hace ya más de 2000 años.

Conocerlas te ayudará a disponer de mayores recursos a la hora de diseñar tu propia filosofía de vida. Te dejo tres artículos que dedicamos a sus filosofías hermanas, para que te ayuden a complementar y seguir construyendo tu propia filosofía de vida.

Más recursos sobre estoicismo

Para despedirme, te dejo algunos libros y recursos para profundizar en el estoicismo (y para ponerlo a prueba si lo deseas).

Autores clásicos:

Autores contemporáneos:

Otros recursos: